Las pensiones son impuestos: una crítica desde la libertad individual. 👴💰📉
Por Danarquía.
En el imaginario moderno, las pensiones se presentan como un derecho adquirido, una garantía estatal que recompensa décadas de trabajo. Pero esta narrativa, repetida por políticos y burócratas, oculta una verdad incómoda; el sistema previsional obligatorio no es un contrato voluntario ni un ahorro personal. Es una forma de tributación forzada. Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca de Economía, las pensiones estatales no son seguridad: son impuestos disfrazados.
¿Qué es un impuesto según la Escuela Austriaca?
Para los economistas Austriacos, un impuesto no se define por su nombre, sino por su naturaleza; es una extracción coercitiva de recursos, sin consentimiento explícito, sin propiedad directa sobre el retorno, y sin garantía de beneficio proporcional. En otras palabras, si el individuo no puede elegir si contribuir, cuánto aportar, ni cómo se administra su dinero, entonces no está ahorrando: está siendo obligado a financiar un sistema ajeno a su voluntad.
Las pensiones obligatorias cumplen con todos los criterios de un impuesto:
. Obligatoriedad: el trabajador no puede optar por no participar.
. Falta de propiedad: el dinero entregado no le pertenece una vez transferido.
. Retorno incierto: el beneficio futuro depende de decisiones políticas, no de contratos.
. Redistribución: lo que tu aportas hoy se usa para pagar a otros.
El sistema provisional como expropiación
El modelo de reparto donde los trabajadores actuales financian las pensiones de los jubilados, no es ahorro ni inversión. Es una transferencia intergeneracional impuesta. No hay acumulación de capital, sino una cadena de dependencia fiscal. El
individuo no ahorra para sí mismo, sino para sostener un sistema que espera que otros lo sostengan mañana.
Este mecanismo transforma el ahorro en expropiación:
. El dinero no se invierte en nombre del trabajador.
. No hay contrato entre aportante y beneficiario.
. El retorno está sujeto a reformas, crisis y decisiones estatales.
Desde la lógica austriaca, esto no es previsión: es servidumbre fiscal.
Consecuencias filosóficas y económicas
La imposición de pensiones obligatorias genera efectos profundos:
. Desincentivo al ahorro real: si el Estado promete pensión, ¿para qué ahorrar?
. Dependencia política: el bienestar futuro depende de decisiones ajenas.
. Vulnerabilidad institucional: reformas, demografía, y crisis pueden alterar el retorno.
. Pérdida de responsabilidad individual: se delega el futuro al Leviatán fiscal.
. Consolidación del poder estatal: el Estado se convierte en gestor de la vejez.
La Escuela Austriaca advierte que cuando el Estado asume funciones que deberían ser voluntarias, se erosiona la libertad y se distorsionan los incentivos. El ciudadano deja de prever su futuro porque “el Estado lo hará por él”. Pero esa promesa está sujeta a variables que escapan al control individual.
La alternativa austriaca
La solución no es perfeccionar el sistema estatal, sino demostrarlo. La Escuela Austriaca propone:
. Ahorro voluntario: cada individuo decide cuánto, cuándo y cómo ahorrar.
. Fondos privados y competencia: gestores que compiten por ofrecer mejores retornos.
. Propiedad sobre el capital: el dinero es del individuo, no del Estado.
. Responsabilidad individual: cada persona es arquitecta de su vejez.
Esta visión no es utópica: es coherente con los principios de libertad, propiedad y acción humana voluntaria. La vejez no debe ser administrada por burócratas, sino por quienes la vivirán.
En conclusión
Las pensiones obligatorias no son un derecho, ni un ahorro, ni una garantía. Son impuestos. Y como todo impuesto, deben ser cuestionadas, desafiadas, y eventualmente reemplazadas por sistemas que respeten la libertad, la propiedad y la responsabilidad individual.
“La acción humana libre es incompatible con la planificación fiscal obligatoria”.
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