La Caída del Dictador 🧨💥🔓
Por Dani Brunn.
La historia de los pueblos latinoamericanos está marcada por ciclos de esperanza y desencanto, cada generación ha visto levantarse figuras que prometen redención y justicia, pero que terminan aferrándose al poder como si fuese un botín personal. Nicolás Maduro representa uno de estos capítulos oscuros; un régimen sostenido en la represión, la manipulación institucional y el hambre del pueblo.
La caída de un dictador nunca es un hecho aislado, es el resultado de múltiples grietas que se acumulan en el edificio del poder; la economía devastada, la diáspora que vacía las calles, la corrupción que corroe las instituciones, y la resistencia que, aunque silenciada, nunca desaparece.
Cada protesta, cada voz exiliada, cada madre que proclama por justicia, va minando el pedestal del tirano.
Maduro como tantos otros, creyó que podía eternizarse en el poder, pero la eternidad política es un espejismo; los dictadores caen no solo por la fuerza de sus opositores, sino por el peso de sus propias contradicciones. La propaganda no alimenta, los discursos no curan, y las bayonetas no sostienen indefinidamente un país que exige dignidad.
La caída del dictador es en esencia la victoria de la memoria colectiva, es el recordatorio de que ningún poder es absoluto, de que la soberanía pertenece al pueblo y no a quienes la secuestran.
Hoy, la figura de Maduro se desploma como símbolo de un modelo agotado; su caída no es solo política, es moral y filosófica: la derrota de la mentira frente a la verdad, del miedo frente a la esperanza. Y aunque el futuro de Venezuela aún se escriba con incertidumbre, lo cierto es que la caída del dictador abre la posibilidad de un nuevo amanecer.
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